jueves, 15 de mayo de 2008
martes, 13 de mayo de 2008
Debemos ser las mejores en el mundo al brindar socorro

Somos una Sociedad de Socorro y debemos ser las mejores en el mundo al brindar socorro; ésa ha sido nuestra tarea desde el principio. La palabra socorrer significa “ayudar, favorecer”; da la idea de “amparar”, o sea, da la noción de sacar a alguien de sus dificultades. El servicio y la ayuda que prestamos son una señal de que somos discípulas del Señor y de que somos miembros de Su verdadera Iglesia restaurada.Ustedes tienen una emocionante responsabilidad y un deber sagrado al llevar a cabo la obra de la Sociedad de Socorro; de ustedes es la obligación de ayudar a las hermanas a ser las mejores del mundo en cuanto a su fe, familia y ayuda. Ayudarán a despertar en las mujeres de la Iglesia un gran interés por el Evangelio; las ayudarán a mejorar sus aptitudes en el hogar, como madres y cónyuges, a fin de que vivan el Evangelio con plenitud en sus hogares".
Julie B. Beck , Presidenta General de la Sociedad de Socorro
Liahona, Noviembre 2007, pág. 109
sábado, 16 de febrero de 2008
viernes, 12 de octubre de 2007
miércoles, 22 de agosto de 2007
Responsabilidades de bienestar de la Sociedad de Socorro.

“La Sociedad de Socorro fue fundada por el profeta José Smith el 17 de marzo de 1842, en Nauvoo, Illinois... con el objetivo de ‘aliviar al pobre, al destituido, a la viuda y al huérfano, y de realizar todo acto de benevolencia’ ( “Bajo la dirección del obispo, las hermanas de la Sociedad de Socorro ayudan a resolver las necesidades temporarias y las de larga duración, entre ellas las relacionadas con la educación [incluida la alfabetización], la salud, el empleo, el almacenamiento en el hogar, la administración de recursos y la fortaleza social, emocional y espiritual” (Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, pág. 234).
“El obispo es el agente del almacén [del Señor y]... distribuye las ofrendas de los santos entre los pobres y los necesitados. Los quórumes del sacerdocio y la Sociedad de Socorro lo ayudan en la tarea” (Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, pág. 309).
La presidencia de la Sociedad de Socorro de barrio:
1. Como miembros del comité de bienestar de barrio, la presidencia de la Sociedad de Socorro de barrio proyecta cómo prevenir y satisfacer las necesidades de bienestar de los miembros del barrio. La presidenta de la Sociedad de Socorro debe sugerir puntos que se deben tratar durante las reuniones del comité de bienestar de barrio y estar preparada para analizar las cuestiones e inquietudes que surjan en el mismo (véase Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, págs. 383--384).
2. La Sociedad de Socorro ayuda al obispo al instruir a las hermanas sobre las doctrinas, los principios y las destrezas relacionados con el bienestar, durante las reuniones dominicales; las reuniones de superación personal, de la familia y del hogar; y por medio de las maestras visitantes (véase Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, págs. 234 y 245). Por ejemplo, las líderes de la Sociedad de Socorro deben ayudar a las hermanas a entender:
a. Que el almacén del Señor “se establece cuando los miembros fieles consagran al obispo su tiempo, sus talentos, sus habilidades, su servicio caritativo, sus bienes materiales y dinero” (Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, pág. 309; véase también D. y C. 42:29--36; 78:3--7, 13--14; 82:14--19).
b. Que la ayuda organizada de bienestar que pueda brindar la Iglesia no reemplaza al cuidado personal y caritativo que las personas deben dispensarse unos a otros.
3. La presidenta de la Sociedad de Socorro ayuda al obispo a evaluar las necesidades de las familias y de las personas del barrio y sugiere formas de satisfacerlas. El presidente Gordon B. Hinckley enseñó: “Es imperioso que los obispos trabajen en estrecha colaboración con las presidentas de la Sociedad de Socorro en la administración del bienestar de la Iglesia.
Eso se realiza normalmente en la reunión mensual del comité de bienestar de barrio o, en ocasiones, en la reunión de consejo de barrio. Pero surgen emergencias, o podrán presentarse circunstancias en las que sea necesario una mayor confidencialidad, y, en esos casos, el obispo y la presidenta de la Sociedad de Socorro deben consultarse entre sí.
Cuando haya necesidades materiales en una familia, la presidenta de la Sociedad de Socorro es la persona mejor capacitada para ir al hogar en cuestión y evaluar las necesidades de la familia” (“El permanecer firmes e inquebrantables”, Reunión mundial de capacitación de líderes, 10 de enero de 2004, pág. 22).
4. A fin de evaluar las necesidades de bienestar, el obispo puede asignar a la presidenta de la Sociedad de Socorro para que visite en sus hogares a las familias o las personas necesitadas. Cuando realice ese tipo de visitas, denominadas “visitas de evaluación de las necesidades de una familia”, la presidenta debe ceñirse a las pautas descritas en el Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, páginas 251--252, incluidas las siguientes:
a. “A fin de prepararse para hacer las visitas de evaluación de las necesidades de una familia, la presidenta de la Sociedad de Socorro debe buscar la orientación del Señor. La guía más segura en la tarea de brindar ayuda la constituye el Espíritu del Señor”.
b. “Al hacer la presidenta las preguntas durante las visitas, escucha con el corazón y permite que la hermana exprese tanto sus sentimientos como sus necesidades. Ayuda a cada una de las hermanas a mantener su percepción de su propia valía al ayudar a los miembros de la familia a ayudarse a sí mismos”.
En caso necesario, revise las siguientes precauciones de seguridad a las que deben ceñirse los líderes siempre que visiten los hogares de los miembros:
• Fije una cita para realizar la visita y lleve a alguien consigo.
• Dígale a alguien a dónde se dirige.
• Sea consciente de las posibles condiciones peligrosas o de inseguridad.
5. La presidenta de la Sociedad de Socorro puede preparar el impreso: Pedido del obispo: alimentos y mercaderías (33585 ó 31422) para que éste lo revise y lo firme. La presidenta debe remitir al obispo cualquier problema con el que se encuentre al trabajar con las personas receptoras de la ayuda, a fin de que se solucionen.
6. Bajo la dirección del obispo, la Sociedad de Socorro ayuda a los miembros a hallar soluciones a largo plazo para sus necesidades y a hacer planes para alcanzar la autosuficiencia (véase Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, págs. 310--311).
“El obispo es el agente del almacén [del Señor y]... distribuye las ofrendas de los santos entre los pobres y los necesitados. Los quórumes del sacerdocio y la Sociedad de Socorro lo ayudan en la tarea” (Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, pág. 309).
La presidencia de la Sociedad de Socorro de barrio:
1. Como miembros del comité de bienestar de barrio, la presidencia de la Sociedad de Socorro de barrio proyecta cómo prevenir y satisfacer las necesidades de bienestar de los miembros del barrio. La presidenta de la Sociedad de Socorro debe sugerir puntos que se deben tratar durante las reuniones del comité de bienestar de barrio y estar preparada para analizar las cuestiones e inquietudes que surjan en el mismo (véase Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, págs. 383--384).
2. La Sociedad de Socorro ayuda al obispo al instruir a las hermanas sobre las doctrinas, los principios y las destrezas relacionados con el bienestar, durante las reuniones dominicales; las reuniones de superación personal, de la familia y del hogar; y por medio de las maestras visitantes (véase Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, págs. 234 y 245). Por ejemplo, las líderes de la Sociedad de Socorro deben ayudar a las hermanas a entender:
a. Que el almacén del Señor “se establece cuando los miembros fieles consagran al obispo su tiempo, sus talentos, sus habilidades, su servicio caritativo, sus bienes materiales y dinero” (Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, pág. 309; véase también D. y C. 42:29--36; 78:3--7, 13--14; 82:14--19).
b. Que la ayuda organizada de bienestar que pueda brindar la Iglesia no reemplaza al cuidado personal y caritativo que las personas deben dispensarse unos a otros.
3. La presidenta de la Sociedad de Socorro ayuda al obispo a evaluar las necesidades de las familias y de las personas del barrio y sugiere formas de satisfacerlas. El presidente Gordon B. Hinckley enseñó: “Es imperioso que los obispos trabajen en estrecha colaboración con las presidentas de la Sociedad de Socorro en la administración del bienestar de la Iglesia.
Eso se realiza normalmente en la reunión mensual del comité de bienestar de barrio o, en ocasiones, en la reunión de consejo de barrio. Pero surgen emergencias, o podrán presentarse circunstancias en las que sea necesario una mayor confidencialidad, y, en esos casos, el obispo y la presidenta de la Sociedad de Socorro deben consultarse entre sí.
Cuando haya necesidades materiales en una familia, la presidenta de la Sociedad de Socorro es la persona mejor capacitada para ir al hogar en cuestión y evaluar las necesidades de la familia” (“El permanecer firmes e inquebrantables”, Reunión mundial de capacitación de líderes, 10 de enero de 2004, pág. 22).
4. A fin de evaluar las necesidades de bienestar, el obispo puede asignar a la presidenta de la Sociedad de Socorro para que visite en sus hogares a las familias o las personas necesitadas. Cuando realice ese tipo de visitas, denominadas “visitas de evaluación de las necesidades de una familia”, la presidenta debe ceñirse a las pautas descritas en el Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, páginas 251--252, incluidas las siguientes:
a. “A fin de prepararse para hacer las visitas de evaluación de las necesidades de una familia, la presidenta de la Sociedad de Socorro debe buscar la orientación del Señor. La guía más segura en la tarea de brindar ayuda la constituye el Espíritu del Señor”.
b. “Al hacer la presidenta las preguntas durante las visitas, escucha con el corazón y permite que la hermana exprese tanto sus sentimientos como sus necesidades. Ayuda a cada una de las hermanas a mantener su percepción de su propia valía al ayudar a los miembros de la familia a ayudarse a sí mismos”.
En caso necesario, revise las siguientes precauciones de seguridad a las que deben ceñirse los líderes siempre que visiten los hogares de los miembros:
• Fije una cita para realizar la visita y lleve a alguien consigo.
• Dígale a alguien a dónde se dirige.
• Sea consciente de las posibles condiciones peligrosas o de inseguridad.
5. La presidenta de la Sociedad de Socorro puede preparar el impreso: Pedido del obispo: alimentos y mercaderías (33585 ó 31422) para que éste lo revise y lo firme. La presidenta debe remitir al obispo cualquier problema con el que se encuentre al trabajar con las personas receptoras de la ayuda, a fin de que se solucionen.
6. Bajo la dirección del obispo, la Sociedad de Socorro ayuda a los miembros a hallar soluciones a largo plazo para sus necesidades y a hacer planes para alcanzar la autosuficiencia (véase Manual de Instrucciones de la Iglesia, Libro 2, págs. 310--311).
Moisés 1:6

Moisés 1:6. “Para mí todas las cosas están presentes”
El élder Neal A. Maxwell, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Dios no vive en la dimensión del tiempo como nosotros; no sólo nos obstaculiza (tanto física como intelectualmente) nuestro estado finito sino también el encontrarnos en la dimensión del tiempo. Por otra parte, dado que ‘todas las cosas están presentes’ para Dios, Él no solamente predice basándose únicamente en el pasado. En una forma que no está clara para nosotros, Él ve el futuro en lugar de preverlo, ya que todas las cosas a la vez están presentes delante de Él” (Things As They Really Are,
1978, pág. 29; véase también Alma 40:8; D. y C.130:4–7).
Acerca del conocimiento de Dios de todas las cosas, el profeta José Smith enseñó: “Sin el conocimiento de todas las cosas, Dios no podría salvar a ninguna de Sus criaturas; ya que en virtud de ese conocimiento de todas las cosas que Él tiene, desde el principio hasta el fin, puede brindar ese conocimiento a Sus hijos, lo cual permite a éstos ser partícipes de la vida eterna. Si no fuese por el concepto que tienen los hombres de que Dios es poseedor de un conocimiento pleno, ellos no podrían ejercer fe en Él”
(Lectures on Faith, 1985, págs. 51–52; véase también
D. y C. 88:41; 93:8–36).
El conocimiento previo de Dios sobre todas las cosas no obstaculiza ni limita nuestra libertad para escoger el bien o el mal. El élder James E. Talmage, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “Muchas personas han llegado a creer que esta precognición de Dios es una predestinación por medio de la cual quedan señaladas las almas para gloria o condenación aun antes de su nacimiento en la carne, y sin consideración al mérito o indignidad del individuo. Esta doctrina herética trata de despojar a Dios de Su misericordia, justicia y amor; presentaría a Dios como un ser caprichoso y egoísta, dirigiendo y creando todas las cosas únicamente para Su propia gloria, sin importarle los sufrimientos de Sus víctimas. ¡Qué terrible! ¡Cuán ilógico este concepto de Dios! Conduce a la absurda conclusión de que el simple conocimiento de sucesos futuros va a obrar como fuerza determinante para efectuar dichas cosas. El conocimiento que Dios tiene de la naturaleza espiritual y humana le permite saber con exactitud lo que sus hijos harán en determinadas condiciones; sin embargo, este conocimiento ninguna fuerza compulsiva ejerce en aquel hijo” (Los Artículos de Fe, pág. 212).
El élder Neal A. Maxwell, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Dios no vive en la dimensión del tiempo como nosotros; no sólo nos obstaculiza (tanto física como intelectualmente) nuestro estado finito sino también el encontrarnos en la dimensión del tiempo. Por otra parte, dado que ‘todas las cosas están presentes’ para Dios, Él no solamente predice basándose únicamente en el pasado. En una forma que no está clara para nosotros, Él ve el futuro en lugar de preverlo, ya que todas las cosas a la vez están presentes delante de Él” (Things As They Really Are,
1978, pág. 29; véase también Alma 40:8; D. y C.130:4–7).
Acerca del conocimiento de Dios de todas las cosas, el profeta José Smith enseñó: “Sin el conocimiento de todas las cosas, Dios no podría salvar a ninguna de Sus criaturas; ya que en virtud de ese conocimiento de todas las cosas que Él tiene, desde el principio hasta el fin, puede brindar ese conocimiento a Sus hijos, lo cual permite a éstos ser partícipes de la vida eterna. Si no fuese por el concepto que tienen los hombres de que Dios es poseedor de un conocimiento pleno, ellos no podrían ejercer fe en Él”
(Lectures on Faith, 1985, págs. 51–52; véase también
D. y C. 88:41; 93:8–36).
El conocimiento previo de Dios sobre todas las cosas no obstaculiza ni limita nuestra libertad para escoger el bien o el mal. El élder James E. Talmage, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “Muchas personas han llegado a creer que esta precognición de Dios es una predestinación por medio de la cual quedan señaladas las almas para gloria o condenación aun antes de su nacimiento en la carne, y sin consideración al mérito o indignidad del individuo. Esta doctrina herética trata de despojar a Dios de Su misericordia, justicia y amor; presentaría a Dios como un ser caprichoso y egoísta, dirigiendo y creando todas las cosas únicamente para Su propia gloria, sin importarle los sufrimientos de Sus víctimas. ¡Qué terrible! ¡Cuán ilógico este concepto de Dios! Conduce a la absurda conclusión de que el simple conocimiento de sucesos futuros va a obrar como fuerza determinante para efectuar dichas cosas. El conocimiento que Dios tiene de la naturaleza espiritual y humana le permite saber con exactitud lo que sus hijos harán en determinadas condiciones; sin embargo, este conocimiento ninguna fuerza compulsiva ejerce en aquel hijo” (Los Artículos de Fe, pág. 212).
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Estudio de la Perla de Gran Precio
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