
Moisés 1:6. “Para mí todas las cosas están presentes”
El élder Neal A. Maxwell, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Dios no vive en la dimensión del tiempo como nosotros; no sólo nos obstaculiza (tanto física como intelectualmente) nuestro estado finito sino también el encontrarnos en la dimensión del tiempo. Por otra parte, dado que ‘todas las cosas están presentes’ para Dios, Él no solamente predice basándose únicamente en el pasado. En una forma que no está clara para nosotros, Él ve el futuro en lugar de preverlo, ya que todas las cosas a la vez están presentes delante de Él” (Things As They Really Are,
1978, pág. 29; véase también Alma 40:8; D. y C.130:4–7).
Acerca del conocimiento de Dios de todas las cosas, el profeta José Smith enseñó: “Sin el conocimiento de todas las cosas, Dios no podría salvar a ninguna de Sus criaturas; ya que en virtud de ese conocimiento de todas las cosas que Él tiene, desde el principio hasta el fin, puede brindar ese conocimiento a Sus hijos, lo cual permite a éstos ser partícipes de la vida eterna. Si no fuese por el concepto que tienen los hombres de que Dios es poseedor de un conocimiento pleno, ellos no podrían ejercer fe en Él”
(Lectures on Faith, 1985, págs. 51–52; véase también
D. y C. 88:41; 93:8–36).
El conocimiento previo de Dios sobre todas las cosas no obstaculiza ni limita nuestra libertad para escoger el bien o el mal. El élder James E. Talmage, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “Muchas personas han llegado a creer que esta precognición de Dios es una predestinación por medio de la cual quedan señaladas las almas para gloria o condenación aun antes de su nacimiento en la carne, y sin consideración al mérito o indignidad del individuo. Esta doctrina herética trata de despojar a Dios de Su misericordia, justicia y amor; presentaría a Dios como un ser caprichoso y egoísta, dirigiendo y creando todas las cosas únicamente para Su propia gloria, sin importarle los sufrimientos de Sus víctimas. ¡Qué terrible! ¡Cuán ilógico este concepto de Dios! Conduce a la absurda conclusión de que el simple conocimiento de sucesos futuros va a obrar como fuerza determinante para efectuar dichas cosas. El conocimiento que Dios tiene de la naturaleza espiritual y humana le permite saber con exactitud lo que sus hijos harán en determinadas condiciones; sin embargo, este conocimiento ninguna fuerza compulsiva ejerce en aquel hijo” (Los Artículos de Fe, pág. 212).
El élder Neal A. Maxwell, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “Dios no vive en la dimensión del tiempo como nosotros; no sólo nos obstaculiza (tanto física como intelectualmente) nuestro estado finito sino también el encontrarnos en la dimensión del tiempo. Por otra parte, dado que ‘todas las cosas están presentes’ para Dios, Él no solamente predice basándose únicamente en el pasado. En una forma que no está clara para nosotros, Él ve el futuro en lugar de preverlo, ya que todas las cosas a la vez están presentes delante de Él” (Things As They Really Are,
1978, pág. 29; véase también Alma 40:8; D. y C.130:4–7).
Acerca del conocimiento de Dios de todas las cosas, el profeta José Smith enseñó: “Sin el conocimiento de todas las cosas, Dios no podría salvar a ninguna de Sus criaturas; ya que en virtud de ese conocimiento de todas las cosas que Él tiene, desde el principio hasta el fin, puede brindar ese conocimiento a Sus hijos, lo cual permite a éstos ser partícipes de la vida eterna. Si no fuese por el concepto que tienen los hombres de que Dios es poseedor de un conocimiento pleno, ellos no podrían ejercer fe en Él”
(Lectures on Faith, 1985, págs. 51–52; véase también
D. y C. 88:41; 93:8–36).
El conocimiento previo de Dios sobre todas las cosas no obstaculiza ni limita nuestra libertad para escoger el bien o el mal. El élder James E. Talmage, que fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, escribió: “Muchas personas han llegado a creer que esta precognición de Dios es una predestinación por medio de la cual quedan señaladas las almas para gloria o condenación aun antes de su nacimiento en la carne, y sin consideración al mérito o indignidad del individuo. Esta doctrina herética trata de despojar a Dios de Su misericordia, justicia y amor; presentaría a Dios como un ser caprichoso y egoísta, dirigiendo y creando todas las cosas únicamente para Su propia gloria, sin importarle los sufrimientos de Sus víctimas. ¡Qué terrible! ¡Cuán ilógico este concepto de Dios! Conduce a la absurda conclusión de que el simple conocimiento de sucesos futuros va a obrar como fuerza determinante para efectuar dichas cosas. El conocimiento que Dios tiene de la naturaleza espiritual y humana le permite saber con exactitud lo que sus hijos harán en determinadas condiciones; sin embargo, este conocimiento ninguna fuerza compulsiva ejerce en aquel hijo” (Los Artículos de Fe, pág. 212).
No hay comentarios:
Publicar un comentario