Moisés 1:4–6. Moisés es un hijo de Dios.
Todas las personas de la tierra son hijos espirituales de Dios, nuestro Padre Celestial. En un discurso que la
Primera Presidencia escribió en 1909, titulado el “Origen del hombre”, dijo: “El hombre es hijo de Dios, formado
a la imagen divina e investido de atributos divinos, y así como un hijo de madre y padre terrenales puede llegar
a ser un hombre a su debido tiempo, así la progenie aún sin desarrollar y que viene de padres celestiales puede,
mediante el aprendizaje a través de las épocas y de los siglos, evolucionar hasta llegar a ser un Dios” (véase Mi
reino se extenderá, pág. 78; véase también Hechos 17:27–28; Hebreos 12:9; Marion G. Romney, Learning for the Eternities, George J. Romney, comp. 1977, págs. 31–32).
Moisés 1:6. “Aparte de mí no hay Dios”.
La frase “aparte de mí no hay Dios” no debe interpretarse como que el género humano no tiene el potencial eterno
de llegar a ser como Dios. En un discurso que la Primera Presidencia dio en 1912 acerca de Moisés 1:6, ofreció un
contexto histórico con el fin de ayudarnos a comprender esa frase: “Moisés se crió en un ambiente idólatra, ya que entre los egipcios había gran número de dioses. Al comenzar la obra que el Señor dijo a Moisés que tenía para él, era necesario
que éste concentrara sus pensamientos y su fe en Dios el Padre Eterno como el único Ser al cual adorar… “…El solo objeto de adoración, Dios el Padre Eterno, ocupa un lugar supremo y único, y es sólo en el nombre del Unigénito que, para ese propósito, nos acercamos a Él, como Cristo siempre enseñó” (“Only One God to Worship”, Improvement Era, abril de 1912, págs. 484–485).
El élder Boyd K. Packer, miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, explicó: “El Padre sí es el único Dios verdadero.
Por cierto que nadie le superará, ni nadie ocupará Su lugar. Tampoco nada cambiará la relación que nosotros, Su
progenie literal, tenemos con Él. Él es Elohim, el Padre. Él es Dios. Sólo hay Uno como Él. Reverenciamos y adoramos a nuestro Padre y nuestro Dios” (véase “El modelo de nuestro Progenitor”, Liahona, enero de 1985, pág. 56
lunes, 23 de abril de 2007
APRENDAMOS DE LAS ESCRITURAS
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